dissabte, 12 d’agost de 2017

UNA ESCAPADA AL VALLE DE GUADALEST


Parece increíble que a tan pocos kilómetros de las grandes urbanizaciones costeras de la costa blanca alicantina, con Benidorm al frente, aparezcan esos hermosos paisajes de montaña.


El valle de Guadalest, situado en el interior de la comarca alicantina de la Marina Baixa, es una depresión entre las sierras de Aitana y Serradella. Atravesado por el río que lleva el mismo nombre tiene una buena representación de los ambientes naturales de la montaña mediterránea

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Según se sube por la C-3318 desde Callosa hasta el pantano de Guadalest, nos encontramos un paisaje lleno de nísperos, manzanos, almendros, higueras y algarrobos.
Entre estos campos de árboles frutales surgen montoncitos de casas blancas apiñadas que forman pueblos blancos con nombres árabes que recuerdan la influencia que tuvo en esta zona la presencia de los musulmanes. Cruzamos Polop, Benimantell, Benifato, Beniardi ...Y llegamos al mejor conservado y que da nombre al valle: Guadalest, con la sierra de Aitana al fondo.


Te cuentan que Guadalest está dentro de una montaña y no imaginas cómo puede ser eso. 
De pronto aparece a lo lejos un campanario sobre una roca y no sobre una iglesia como sería lo normal. Imaginamos que lo construirían así para que fuera fácil la vigilancia en caso de invasión. Al acercarnos vimos que es cierto lo que nos dijeron.
Guadalest nos regala una imagen especial y única. Vemos que está situado en lo alto de una formación rocosa. Esta escarpada situación del pueblo hacía que fuese inexpugnable; por ese motivo fue la población más importante del valle.


Para poder acceder al interior de esa mole hay que cruzar por una puerta escavada en la roca, el Portal de San José.
Este portal divide los dos núcleos de población; el pueblo propiamente dicho y el castillo completamente amurallado.
Entramos en esta fortaleza, visitamos la Casa de los Orduña, vimos la iglesia de la Asunción y nos fotografiamos, como la mayoría de viajeros, delante de la mejor vista, arriba de todo, en la torre-cementerio (conocida como el Castillo del Rey).
Delante, cortado sobre el barranco, queda el campanario de la iglesia, todo un símbolo de Guadalest. Muy cerca, el castillo de Alcozaiba que se comunica a través de una escalera con la casa de Orduña, la más antigua del valle.


En el exterior, todas las calles del pueblo están empedradas y sostienen casas blancas encaladas y luminosas que albergan tiendas y locales de descanso, todo preparado para la enorme cantidad de visitantes que recibe este lugar que fue declarado conjunto histórico artístico.
En lo alto de la calle principal (carrer del Vent), cuando ya no se puede ir más arriba, hay una pequeña plaza. Allí se encuentra el Ayuntamiento, rodeado de mesas de bares y restaurantes. Luego nos detuvimos en un mirador. Las vistas que allí se divisan son inmejorables porque puedes ver cómo las montañas cierran el valle. En la base, transmitiendo serenidad y romanticismo, las aguas del embalse.


Más tarde comimos cocina típica de la zona en un restaurante de Benimantell, “L'obrer”, recomendado por la calidad-precio. Nos gustó mucho el plato típico que nos recomendaron: ”la olleta de blat”, con alubias, acelgas, pencas y nabos. De postre, helado de nísperos porque éstos son los reyes de este valle. Nos dijeron que en mayo, antes de la recogida, los campos de nísperos lucen espectaculares.


De regreso, cerca de Callosa, vimos la Fuentes del Algar, un paraje natural muy concurrido. Se trata de una serie de fuentes y cascadas naturales que vienen de la montaña y desembocan en el río Algar. En la mayoría de los tramos se han formado pequeñas lagunas a distintos niveles. El aprovechamiento de ese lugar ha hecho que esté muy adecuado para los visitantes y, para poder entrar, hay que pagar una entrada. En la zona hay varias parcelas donde se pueden dejar los coches. También varios restaurantes.


Aunque el lugar es muy famoso, no nos gustó en demasía; quizá había hecho mella el cansancio del día. Quizá la proximidad de la bella Altea, lugar donde pernoctamos. Quizá nos pareció demasiado explotado turísticamente este paraje tan natural y agreste en sus principios...





dijous, 3 d’agost de 2017

RUPIT, UN TESORO CERCA DE BARCELONA




Hay un viejo dicho que dice que a Rupit no se llega por mar, tierra o aire, sino por piedra. (El nombre de Rupit viene del latín”rupes”, que significa “roca”) ; y es que llama la atención una pared que surge sobre una gran peña que domina el pueblo y es donde estaba el Castillo.


¿Cuántas veces habremos visitado este pueblo ? No sabría contarlas porque este trocito pequeño de mundo considerado el último pueblo de la provincia de Barcelona, hace que los habitantes de mi ciudad lo consideremos un tesoro que hay que mimar, cuidar, visitar y vigilar.


Quizá algún día muy lejano pierda su fisonomía, pero durante siglos ha conservado tejados que bailan, balcones hermosos de madera, callejones de subidas y bajadas, casas vivas con ventanas góticas, terrenos irregulares y vaguadas donde apacientan las ovejas.



Esta vez elegimos entrar dando un rodeo por la pista que pasa por la ermita románica de Sant Joan de Fábregues, del siglo X y XI, encaramada en las rocas.
El recorrido por allí es más espectacular porque puedes contemplar un paisaje magnífico y de paso admirar el espectacular salto de Sallent poco apto para personas que padezcan de vértigo ya que tiene unos 100 metros de altura y es allí donde se cuelan las aguas del arroyo de Rupit.



Para amantes de las caminatas suaves dejo enlace de esta ruta que puede ser una opción para una salida familiar porque no presenta dificultad alguna.



Cuando llegamos al pueblo aún no había anochecido, pero las farolas ya estaban encendidas. Había llovido durante el día y una suave bruma descendía y se enredaba entre robles y hayas. Los tonos grisosos del cielo y las piedras mojadas de las calles creaban un marco apropiado para el callejeo.


Lo primero que llama la atención es que, para acceder al pueblo, hay un curioso puente colgante que cruza la riera. Es la entrada más original que conocemos y es uno de los lugares más fotografiados. Pueden pasar unas diez personas a la vez y se recomienda no balancearse en él, aunque es probable ver a alguien saltando para asustar a los que aún no han cruzado.


En el otro lado comienzas ya a admirar las calles estrechas, empinadas, y las típicas casas solariegas con portales adintelados y balcones de madera. Todas están construidas con gran armonía en la montaña, respetando el medio ambiente de la zona.
Todo el núcleo urbano está situado bajo las ruinas del que fuera un antiguo castillo. Miras y no comprendes cómo es posible que alguien pueda vivir así sin miedo a que la piedra pueda hundir su casa.


Más arriba se encuentra la iglesia dedicada a San Miguel Arcángel, construida probablemente entre los siglos XIII y XIV, y terminada en el XVIII cuando se acabó el campanario.
Es un pueblo turístico porque encuentras tiendas de buenísimos embutidos, bares, restaurantes, hotelitos y casas rurales.




Lo encontraremos cogiendo la carretera de Vic a Olot, la C-153, tardando una hora y media, aproximadamente, desde Barcelona. Esto hace que sea un destino accesible y al alcance de la mano.
Se trata, pues, de un lugar perfecto donde pasar un día de escapada rural y poder degustar, si quieres, la gastronomía típica de la comarca de Osona, principalmente sus deliciosos embutidos.







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