divendres, 24 de març de 2017

OSLO, CAPITAL DE NORUEGA


Nos adentramos ya en Noruega, cuya orografía presenta un drástico cambio respecto a Suecia, al transformarse el terreno en montañoso. Nuestro destino era la capital, Oslo.
A estas alturas del viaje aprendí que la vocal a con una o pequeñita encima se pronuncia o; que ae se dice ea; que la o cruzada con / es una e y la j se dice i.


La entrada a la ciudad por carretera fue decepcionante. Me pareció fea, oscura, desordenada, llena de fábricas, contenedores y cables. Sólo un edificio en forma de iceberg de mármol blanco sobresale de los demás. Es el edificio Nueva Opera. Los oslenses están orgullosos de él y sale en portada de las guías, pero a mi me parece que desentona tanta modernidad en el conjunto.



Oslo huele a madera, a mar, a montaña, a arte y cultura, pero la lluvia que no cesaba deslucía la visita. Fue entonces cuando me acordé de lo que dicen los noruegos: "No hay mal tiempo, sino ropa inadecuada" y decidimos disfrutar al máximo de lo que había por ver y olvidarnos de la lluvia.



En tres días o en dos, si se dejan los museos, se puede visitar lo más importante de la ciudad:

Ayuntamiento y puerto de la Paz
Paseo por el centro.
La península de Bygdoy y sus museos
La periferia : Vigeland




Visita 1 :

El Ayuntamiento (visita de 9h a 17h) es un edificio chocante, una estructura moderna, maciza de ladrillo oscuro, con dos descomunales torres cuadradas dominando la entrada del mar.
El interior está plagado de murales de artistas noruegos con escenas de la vida cotidiana.
Fuimos a cenar al puerto, ese lugar sí que me gustó. Hay un complejo de restaurantes con menús de todos precios, pubs, discotecas, centros comerciales y mini-cines ... todo tocando a mar y a los barcos. Las terrazas son exteriores y están cubiertas. Es muy agradable ver las barcas y el mar tan cerca, aunque llueva continuamente.



Visita 2 :

Es muy sencillo visitar todo el centro dando un paseo. Hay que recorrer una calle peatonal que une la Estación Central de trenes en línea recta con el Palacio Real. Es la calle Karl Johans Gate.
Esta arteria principal tiene todas sus calles secundarias repletas de hermosos rincones y edificios del siglo XIX. Oslo tuvo muchos incendios, quedan algunas casa de madera, pero en 1600 fue construida la nueva ciudad con edificios de ladrillo.



Deambulando encontraréis la Catedral, la Plaza Mayor o Stortorvet, el Parlamento, el Gran Hotel y la Galería Nacional.
Este museo reúne toda la colección de pintura noruega y también del resto de Europa. La atracción fundamental es el archiconocido cuadro El grito de Edvard Munch. La entrada es gratuita. Recorriendo sus salas vi que estaba un poco descuidado, sin restaurar; sin querer lo comparé con otros museos, de Barcelona, por ejemplo. Me pareció muy raro siendo Noruega uno de los países más caros. Luego pensé que es mejor que sea gratuito y el arte pueda llegar a todo el mundo que estuviera muy "puestecito" y cobraran mucho por entrar.




Visita 3 :

Al sur de la ciudad se extiende la península de Bygdoy, espacio residencial tranquilo en el que están los museos más visitados por los turistas. Están cuidados , pero las entradas son caras.
Para llegar a Bygdoy se puede tomar el ferry 91 que sale desde el muelle 3, justo enfrente del Ayuntamiento, o el autobús 30. Algunos turistas alquilan una bicicleta, la transportan en el ferry y van pedaleando de museo en museo en un agradable paseo. (Recuerda : "No hay mal tiempo, sino ropa inadecuada")

Allí está el Museo de los barcos Vikingos, el Museo de los Pueblos y el Museo Fram. Nosotros los visitamos los tres con visita guiada porque nos entraba en el circuito y fue interesante porque nos lo explicaron detalladamente.



Lo que más nos gustó fue un espacio abierto que tiene un conjunto de 150 casas tradicionales traídas de todos los rincones de Noruega, esparcidas por un bello parque que se recorre a pie por senderos de tierra.
Es como volver a la Escandinavia medieval. Hay graneros, establos, hornos, escuela ... y la estrella: una iglesia de madera (stave kirke) original del pueblo de Gol.
Esta visita es lo que más me gustó de Oslo.



Visita 4 :


Continuando la misma dirección rectilínea de la calle principal Karl Johans, pasado el Palacio Real, se llega a un extenso y hermoso espacio verde el Vigelandsparken. (Se llega en el tranvia 12 o en el 15 y la entrada es gratuita).


Es un paseo jalonado por esculturas de figuras humanas tremendamente expresivas, en granito y bronce. Están hechas por el famoso Gustav Vigeland y representan las distintas etapas de la vida. Hay una plaza con una fuente en la que esculturas de titanes soportan alegoricamente el peso de la vida. Al final un monolito de 20 m, tallado en granito, la roca esculpida en este material más grande del mundo. Vale la pena visitarlo.


Podría hablaros que el ambiente de noche en Oslo es de lo más animado, hay bares, discotecas y pubs con abundantes turistas, sobre todo ahora que no oscurece. Pero nosotros preferimos la charla reposada con los amigos en el hall del hostel.


dissabte, 18 de març de 2017

POR LAS TIERRAS TROLL NORUEGAS


Esto de las noches blancas hace que no tengas mucha idea de la hora que es cuando despiertas. El despertador suena cada día a las seis de la mañana para que de esta manera el día parezca más largo. Hay que pensar que el desayuno es como una comida, las distancias a recorrer son grandes, todos los comercios y lugares a visitar cierran a las cinco y la cena sobre las siete de la tarde. Después queda un espacio vacío que paseas, estás descansando en la habitación de tu alojamiento o de charla con otros viajeros.


Dormimos en la pequeña localidad de Hamar y nos dirigimos a Lillehammer que fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994. De este evento quedó un gran parque olímpico, pero no le veo el interés como destino turístico, ni parada en ruta. Está en un valle que bordea el lago Mjøsa que es el más grande de Noruega.


Siguiendo la cordillera Gudbrands nos adentramos en los valles y bosques de las llamadas Tierras Troll.
El paisaje es encantador, recuerda la Cerdanya francesa o las Tierras Vascas.
Vemos muchas casetas de madera entre los bosques de abedules, árboles predominantes en Escandinavia.
Nos cuentan que el color rojo en las casas es porque sus habitantes eran gente humilde, este color fue para las granjas. El color blanco en las casas dice que sus habitantes son ricos.
Ahora las casas las construyen pre-fabricadas y la energía que usan es la eléctrica a pesar de tener gas que exportan.


Por fin llegamos a Trondheim ciudad que se autodenomina la capital histórica de Noruega.
La temperatura ha bajado, estamos más al norte.
En las tiendas empiezo a ver los jerseys típicos noruegos que tanto me gustan. (Bonitos , pero no bajan de 3000 kr).
La ciudad se recorre en visita panorámica en una hora andando.


El monumento más visitado es la Catedral de Nidaros (antiguo nombre de la ciudad). Es la catedral medieval más septentrional del mundo, la más grande de Escandinavia y el centro de peregrinación más importante del norte de Europa.
Para mí fue más encantador el paseo por una calle que baja paralela al río y donde están las famosas casas de madera de colores que lo flanquean en este tramo.


La mejor foto se consigue desde el viejo puente de la ciudad que cruza el río en el sur de la calle. El puente con sus portales en hierro forjado pintado de rojo, resulta muy pintoresco. Me acordé mucho de las fotografías que hubiera hecho la viajera Stellina.


Nuestra ruta siguió hacia el oeste y volvemos a atravesar fiordos en ferry.
Comimos en Molde, pequeña ciudad al borde del mar, conocida como la "ciudad de las rosas". No nos llevaron a la entrañable isla de Onda, la más alejada y en mar abierto que dicen que conserva el aire tradicional de comunidad pesquera que tanto me gusta.


Nuestro hotel estaba en Alesud donde nos esperaba la "cama que abraza" cuando llegas. Así digo yo camas con funda nórdica que también las tengo en mi casa.


Alesud es una ciudad fantasma porque a las cuatro de la tarde ya no hay nadie por las calles, sólo turistas y alguna tienda de souvenirs con muñequitos troll, postales, gorras, bufandas y chaquetas de lana noruega.


Esta ciudad de pescadores y gente simpática es un destino agradable, a Joseph le encantó.
En 1904 un incendio arrasó las casas de madera y los alemanes, en tres años, construyeron 450 edificios todos en Art Nouveau o Modernismo que era la moda en toda Europa.


Si se sube a lo alto de la montaña Aksla hay un fantástico mirador con unas extraordinarias vistas de la ciudad y las islas de los alrededores.
No sólo alemanes, buscando el bacalao, habitaron esta zona, también españoles que ofrecían la sal necesaria para la salazón de este pescado. Por eso dicen que es aquí donde se encuentran muchos noruegos que son morenos, por el cruce de raza.


Antiguamente el bacalao lo ponían a secar los márgenes de los fiordos. Actualmente la industria bacaladera ya no salazona de esta manera.

Hay un dicho que dice que las mujeres noruegas para ser buenas cocineras deben saber preparar el bacalao de 365 maneras diferentes.


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